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Ahora en día sabemos que podemos mejorar nuestros cerebros mediante la modificación del entorno, aprovechando nuestros puntos fuertes y corrigiendo nuestros puntos débiles. La limitación somos nosotros mismos.
A los niños los podemos ayudar exponiéndolos a música y hablándoles mucho, y a los ancianos con crucigramas y debates sobe los acontecimientos de nuestros días. Sin embargo, muchas de las herramientas fundamentales para cuidar y alimentar el cerebro son cotidianas.
El ejercicio físico y mental es primordial, una alimentación adecuada y dormir lo suficiente es básico para su desarrollo y su conservación, ayuda a la cognición y a la estabilidad emocional. La espiritualidad y la meditación nos ayuda a la conciencia de quienes somos. Con todo esto aprovechamos la gran plasticidad que tiene el cerebro para adaptarse a nuevas situaciones. Los problemas mentales, desde un carácter explosivo hasta la indolencia, desde la preocupación crónica hasta beber en exceso, tienen sus raíces en la biología del cerebro. Sin embargo esto no te libera de culpas, y te da excusa para seguir con esas conductas. Nosotros y quienes nos atiendan deberemos examinar nuestras vidas biológicas, tanto las sociales como las emocionales.
Comprender que la raíz de los trastornos mentales esta en la biología del cerebro es liberador, sobretodo las familias a las cuales siempre es culpabilizada de estos trastornos. También para las personas que los padecen, ya que entienden que no es una debilidad de carácter, ni una conducta pecaminosa, por lo cual se lo merecen. Quitar este estigma es el primer paso para lograr la prevención y la atención adecuada. Un cambio pequeño puede precipitar un cambio grande.
Un chico que empieza ejercitarse mejorará su aspecto físico que le harán sentir mejor ante los demás, el participar en juegos de equipo le ayudará a socializar, no solo oxigenará mejor su cerebro. Pero además al tener mapas mentales, el ejercicio también le ayudará a sus otras funciones mentales, y al realizar un ejercicio físico le ayuda a dormir y descansar mejor durante la noche, lo cual influirá en su estado de ánimo del día siguiente. El primer paso para comenzar con un programa de ejercicios que ayude a su cuerpo y a su mente es hacer algo activo, lo que sea, como por ejemplo caminar en algún lugar agradable. Una vez ya mentalizado que uno quiere comenzar hacer ejercicio, debemos buscar que nos gusta, y solicitar ayuda profesional para que nos lleve paulatinamente sin lastimarnos.
Los efectos positivos que tiene para la salud mental son: Aumenta la cantidad de sangre en la corteza motriz y en el cerebelo, Cuanto más la usamos, cuanto más la sometemos a un mayor esfuerzo, mejor es nuestra circulación y más apta se vuelve esa parte del cerebro. Como efecto secundario, mejora nuestra autoestima.
Un programa de 20 minutos aeróbicos que dure varias semanas ayuda a la depresión moderada y leve. Los tres neurotransmisores principales (la norepinefrina, la dopamina y la serotonina) que están relacionadas con el estado de ánimo, la cognición, el comportamiento y la personalidad aumentan con el ejercicio y tienen mucho que ver con que los ánimos mejoren.
La dopamina, el neurotransmisor clave que interviene en los sentimientos de gratificación, motivación y atención, aumentan tanto en la fase intensa de ejercicio como en el ejercicio prolongado.
La serotonina también aumenta ayudando a la regulación de los estados de ánimo y en el control de la ansiedad, y contribuye a la capacidad de manejar el estrés y la agresividad, y de llegar a ser más atentos y sociables.
El ejercicio requiere el aprendizaje de movimientos coordinados que hace que crezcan más conexiones entre las neuronas. Nos ayuda al equilibrio, a fortalecer los lazos sociales reduciendo la timidez lo cual fortalece a nuestro cerebelo. Aumenta la concentración, la fuerza de voluntad por lo que nos ayuda a tomar un mejor control de nuestras vidas También excita a los ganglios basales y al corpus callosum, con lo que agudiza la memoria e incrementa la capacidad de dominar información nueva. Conservar la memoria y reparar las conexiones cerebrales debilitadas depende de la estimulación. Cuando combinamos el movimiento con una actividad que requiere un aprendizaje, como la danza, obtenemos beneficios adicionales porque se forman nuevas conexiones en el cerebro como resultado de haber aprendido nuevas tareas. A medida que se añaden rutinas y pasos nuevos, el cerebro produce un número mayor de conexiones entre sus neuronas, con lo que se crea un cerebro que es más capaz de procesar mas información. Se ha comprobado que el hatha-yoga hace decrecer la excitabilidad, la agresividad y las molestias somáticas, y mejora la satisfacción emocional y vital.
En la década de los 90’s se ha puesto de moda hacer ejercicio, y las personas no solo han encontrado que se siente mejor y mas vigorosas, sino que pueden poner en orden cosas que tienen en la cabeza o resolver problemas, la razón es que la corteza motriz primaria, los ganglios basales y el cerebelo, que coordina el movimiento físico, coordinan también el movimiento del pensamiento. Así como ordenan los movimientos físicos necesarios para moverse, ordenan la secuencia de pensamientos necesarios para pensar. Una derivación del movimiento y del ejercicio es el masaje, o más fundamentalmente, el contacto.
Los masajes del cuerpo entero tienen un efecto positivo en dolencias clínicas como la hiperactividad y la diabetes, ayuda a potenciar la función inmunitaria, reduce la ansiedad y el stress, y también ayuda a mitigar el dolor. No importa qué estilo de masaje se use, lo importante es frotar y acariciar, ya que estimula rutas nerviosas que le dicen al cerebro que disminuya los niveles de las hormonas del estrés cortisol y epinefrina. La estimulación táctil parece incrementar la actividad del nervio vago, que influye en el ritmo cardíaco, el habla y la absorción de la comida. Contacto, movimiento y ejercicio, son sumamente importantes para nuestra salud mental. El movimiento tiene que ver con casi todos los aspectos de la experiencia humana: Los pensamientos se mueven de uno a otro, el lenguaje es un movimiento de semántica, la percepción es también en base a movimientos físicos. Así como ejercitamos nuestro cuerpo debemos ejercitar nuestra mente, con nuevas tareas, con aprendizajes nuevos, con juegos de memoria y de resolución de problemas. La asombrosa plasticidad del cerebro humano nos permite establecer continuamente nuevas conexiones y aprender, no solo por medio de los estudios académicos, sino de la experiencia, el pensamiento, la acción y la emoción. Lo peor que podemos hacer es contentarnos con una vida pasiva.
La Alimentación: Lo que comemos y tomamos es también fundamental para lo que pensamos y sentimos. El cerebro consume el 25 % de nuestra glucosa y oxígeno, y necesita de otros nutrientes. Las relaciones entre lo que ingerimos y lo que pasa en nuestros cerebros son a veces inmediatas y a veces complejas. Es común entre las personas que tienen mucho stress, o que tienen alguna discapacidad psicosocial se alimenten mal, y pérdidas de funciones mentales que antes se atribuían a la edad o a la enfermedad en sí, pueden ser también las consecuencias de una mala alimentación.
Una relación significativa es el efecto que la alimentación tiene en la formación y en la actividad de los neurotransmisores. Hasta el colesterol se le está tribuyendo un papel en la regulación de los estados de ánimo. A menudo se encuentran carencias de vitaminas B, B1, B2, B6 y B12, niacina, ácido fólico y vitamina C en los pacientes psiquiátricos. Como conclusión una alimentación equilibrada es la mejor medicina del cerebro.
La Tecnología En la medida que más conocemos nuestros cerebros podemos hacer programas efectivos para que nos ayuden a dirigir nuestras vidas. Las computadoras como asistentes inteligentes.
La Espiritualidad. A menudo pasamos por alto la conexión entre mente y cuerpo. Se han publicado varios reportajes de peso sobre los posibles nexos entre la espiritualidad y la salud mental. A lo que podemos comentar, el cerebro necesita descansar como cualquier parte de nuestro cuerpo, pero el cerebro casi no lo hace, porque el dormir no proporciona un descanso absoluto. Para promover la salud y el bienestar debemos ayudar al cerebro a descansar. Una manera de lograrlo consiste en la meditación u orando en silencio. La meditación es una conciencia enfocada a la que se llega permaneciendo en reposo y fijando la atención dentro de uno mismo, especialmente en la respiración. Se observan los sentimientos, los pensamientos y las percepciones, y luego se los deja a un lado, concentrándose en la respiración o en alguna palabra o frase. Se ignora lo que pueda distraer, y así, gradualmente la mente se va aquietando y se alcanza niveles de conciencia mas alto. El cuerpo reacciona ante esto: la actividad del sistema nervioso simpático disminuye y el metabolismo va más despacio. El ritmo cardíaco, la presión sanguínea decrecen. Se ha visto que estas reacciones corporales reducen la presión sanguínea alta, alivian el dolor crónico y las migrañas, suavizan la depresión y la ansiedad. La propia actividad eléctrica del cerebro cambia también. En vez de mantener una tormenta descentralizada de señales, un gran número de sus neuronas se dispara en una plácida sincronía. Lo más saludable es encontrar una gran pasión, una misión en su vida. Un compromiso con una vocación, una actividad que nos estimule, que mantenga nuestra mente activa. Conseguir una actividad en la que podamos poner todo nuestro corazón, mente, energía y alegría. Esto mantiene al cerebro en un estado de cambio constante, nos ayuda a resolver nuestras dudas sobre nosotros mismos y nos ayuda a luchar contra el estancamiento. Bibliografía John J. Ratey “El Cerebro: Manual de Instrucciones” Ed. Arena Abierta en castellano 2002. http://portal.vozprosaludmental.org.mx
Artículo de Graciela Cámara
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